Lo escandaloso del tema no es la poca evidencia (por no decir nula) de estas pseudociencias: la gente cree en cosas aún con menos evidencia, pero ese es otro tema. Lo escandaloso del tema es que se dedique dinero público a enseñar o promover estas supercherías en las universidades. Supuestos tratamientos que no tienen ningún efecto médico real, basados en conceptos tan esotéricos como "la energía que fluye por el cuerpo", y que como mucho consiguen la leve mejoría que podría ofrecer un placebo cualquiera. ¿A ese tipo de expertos queremos tener en la sociedad del futuro? ¿Porqué no enseñamos vudú y adivinación como postgrado en Economía? ¿Qué tal un poco de telepatía en Telecomunicaciones? Que no nos vendan la moto. Que no utilizen nuestro dinero para chorradas sin evidencia, y que no sirven para nada.
Esta es una cosa que no me gusta. Y aquí dejo un estupendo link (1) a un estupendo blog, "La lista de la vergüenza", que recoge todas aquellas universidades que, de un modo u otro, dan cobijo a la pseudociencia en alguna de sus variantes. Entre ellas, la Universidad de Valencia (2) y la UJI, de Castellón (3).

¿Os gusta o no os gusta que la universidad financie las pseudociencias?
Víc.